martes, 27 de enero de 2026

2x1: El sonido de los Beatles, de Geoff Emerick, y The Beatles: Revolución en la mente, de Ian McDonald

Título original: Here, There and Everywhere: My Life Recording the Music of the Beatles

Idioma original: inglés

Año de publicación: 2007

Traducción: Ricky Gil

Valoración: recomendable para interesados; muy recomendable para fans

Como en 2025 tuve una especie de Beatlemanía retardada (dejando abandonados completamente a Dylan, Cohen y Cave), y mi tendencia a leer libros sobre música/músicos deriva de una sólida convicción de querer explorar todo lo que se pueda acerca de lo que admiras, el resultado fue, entre todo lo que leí con fruición, encontrar estos dos libros, que son el día y la noche para quien quiera adentrarse en el ámbito musical desde una mirada mínimamente objetiva, pero también humana.

Arranquemos primero por la buena noticia, la del libro de Geoff Emerick. No me detendré a explicar su figura porque la mayoría ya debe conocer su papel como ingeniero de sonido y en qué punto de la historia de los Beatles comenzó a trabajar para ellos. Lo valioso de este libro, además del recorrido que hace de su propia vida, donde aprenderemos el gusto por la calidad del sonido, las tempranas demostraciones de cómo saber manipularlo mediante distintos experimentos con la electrónica existente y el funcionamiento de la jerarquía de una discográfica en los años sesentas (genial ese ascenso de asistente de ingeniero, donde veías todo lo que sucedía en el estudio, a ingeniero de masterización, encerrado en una covacha y perdiéndote de todo, para luego volver como ingeniero titular a la sala de grabación), es cómo Emerick nos muestra el día a día de los Beatles, la personalidad de ellos en el estudio, la forman en la que trabajaban, las salidas de tono, ya sean bromas o estallidos de enojos un tanto caprichosos, el estrés (muy gracioso, por otro lado, cómo le tomaban el pelo sus ayudantes, pero de una manera cariñosa) de George Martin a la hora de lidiar con cuatros muchachitos que hacían de todo menos lo que alguien les ordenara. Y además de trabajar con ellos de forma plena a partir de Revolver, también nos enseña los primeros días de Los Beatles (ya que él empieza a trabajar en EMI casi al mismo tiempo que fichan al cuarteto) cuando la discográfica decidía los temas de los artistas en base a covers. 

Lo que añade como fragmento valioso a este relato biográfico es que también te importa lo que sucede con el equipo de los ingenieros de grabación, el asombro de las ideas de Martin y Emerick para poder satisfacer al grupo; si bien no se destaca mucho a la hora de analizar la banda, para tener tamaño arsenal de ideas innovadoras continuamente es porque también ellos eran unos genios en lo suyo y se vieron obligados a dar lo mejor. Lo que a otro le hubiera llevado semanas encontrar la solución, ellos lo hacían en pocas tomas, y eso también es algo difícilmente comprensible (sobre todo para los que no sabemos ni un poco de aspectos técnicos, como en mi caso).

Sobre Los Beatles se ha escrito mucho, la mayoría de forma reiterativa y sin aportar información relevante. Acá no se puede decir que haya mucho de nuevo para el fanático más radical, pero la estructura de la biografía, casi como una novela, con sus correspondientes descripciones y diálogos, inicio, desarrollo y clímax en cada grabación de disco, la salida de Emerick después de hartarse de Los Beatles en el Álbum Blanco, el regreso del mismo en el Abbey Road, todo ello configura el patrón de una novela de (auto)descubrimiento acerca de lo que la música, en manos correctas, puede llegar a causar a la gente, y de cómo todos los involucrados vieron cambiadas su vida de forma permanente. Si uno lo piensa es vertiginoso: apenas son, desde que Emerick comienza a trabajar, ocho años de su vida, y sin embargo nada más hermoso y vital que toda esa experiencia. Sí, también relata cómo ayudó a McCartney con Band on the Run en sus peripecias nigerianas (se nota la resignación cómica de haber batallado con el enjambre de mosquitos y el tráfico de Lagos) y el contacto con otros artistas como Elvis Costello, que protagoniza un prólogo donde deja patente su amor por la música y su enorme cariño por Los Beatles, pero, para él (y para algunos de los lectores), el punto de quiebre se dio con esa aparición mágica, explicada desde todos los enfoques posibles e igual de inasible que hace sesenta años atrás.


Título original: Revolution in the head. The Beatles records and the sixties

Idioma original: inglés

Año de publicación: 1994

Traducción: Ricky Gil

Valoración: exasperante

No estoy en contra de desmitificar. Si bien me encantan los Beatles, nunca podría decir que líricamente están al nivel de un Leonard Cohen o de un Indio Solari, por ejemplo, a pesar de que tienen varias canciones con versos que funcionan como bombas psicológicas/sociológicas. Nada que reprochar, hay una línea muy fina entre ser un buen letrista y un gran letrista o directamente un poeta con una imaginería propia e irreductible.

Algo así parece pensar Ian MacDonald. Como este es un libro sobre música, el punto no se centra en las letras (que, por otro lado, en varios puntos del libro sí se trata) sino en los aspectos musicales. El problema es que MacDonald parece dar por sentado que sus lectores conocen todos los acordes y progresiones de todas las canciones que han escuchado, cuando muchos (y no hace falta ser melómano para hacerlo) apenas podríamos identificar que un bajo suena distinto en una canción que en otra por algún efecto utilizado, y muchas veces nos quedamos con un solo acorde que funciona como catarsis, en vez de registrar la construcción entera de la canción y los diversos cambios a través de ella. 

Mi valoración, entonces, está dada por dos cuestiones: primero, no tengo ningún conocimiento formal de la música. Leer el libro de MacDonald implica conocer cada grabación de los Beatles, desde sus inicios como acompañamiento de Tony Sheridan, los días en Hamburgo, etcétera, hasta las tomas registradas en las Anthology, todo registrado bajo un riguroso orden cronológico, que incluye la composición del grupo y quién toca cada instrumento, las canciones inéditas, las tomas descartadas, los jams que se solían marcar para encontrar la inspiración y comentarios entre breves y extensos según lo merezca la canción. 

Sacando que el texto se llena de referencias para cada canción y que dificultan la lectura, hasta ahí todo bien. Pero cada comentario está regado de notaciones musicales y de segundos que señalan el cambio de acorde y de cómo la batería ejecuta otro patrón y de cómo el bajo recorre todo el brazo. No dudo que al fanático le resultará imprescindible saber en qué segundo exacto hay un error de sincronización, pero al lector más o menos interesado en los Beatles termina por aburrirlo tanto dato sin otro propósito que la de ir relatando cada canción. Una cosa es detallar las bondades, los asombros en cada secreto revelado, y otra es decir: acá suena esto, acá lo otro, pasemos a lo siguiente. Reconozco que mi valoración está manchada por haber leído antes el de Emerick, donde cada canción, incluso las menores, tenía un componente atractivo, ya que todas conllevaban problemas para ejecutarlas tal cual querían sus creadores. Pero si esos detalles los hubiera leído de este libro terminaría creyendo que Across the universe es una "letargia insípida".

Y esa es la segunda cuestión de mi valoración: los comentarios a cada canción. En algunas se extiende varias páginas, como I am the walrus o Revolution 9 (!), otras las despacha en siete u ocho líneas (casi todas las de Harrison, por alguna razón, en contraste con las alabanzas, a veces desmedidas, a Lennon), Pero en casi todas se nota la impronta del autor por hacerte notar que él sabe mucho más que vos y que no hay nada que puedas hacer para discutirle las opiniones. Por supuesto que esas opiniones tienen que ser dadas, y es bueno y refrescante que en un libro sobre los Beatles sean provocadoras y con argumentos que intentan ser sólidos. Uno debe tener el suficiente criterio para reconocerlo y no pelearse con el libro. Pero de ahí a tirar frases lapidarias como la citada sobre Across the universe o considerar que Helter Skelter es nada más que "palabrería de borracho" hay un trecho y bastante largo; no se puede pasar de una opinión fundada en la teoría musical, donde lo único que puedo criticar es la tendencia a la pedantería y la profusión de datos sin ton ni son, a un comentario mucho más propio de un twittero.

En fin, que los dos libros son polos opuestos. Uno escribe desde la pasión de la música y del conocimiento de haber estado ahí todos los días, y muchas veces haciendo horas extras, pero también con un matiz de objetividad (para Emerick hay un par de álbumes y varias canciones que no están a la altura del grupo), y el otro, si bien no dudo que también tiene una gran pasión, intelectualiza todo y se esfuerza por otorgar una racionalización que excede a las canciones, cuyo efecto es nada más y nada menos que cambiarle la vida a las personas.




lunes, 26 de enero de 2026

Javier Jiménez: Desvío a Trieste

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2023

Valoración: Más bien decepcionante


No se puede negar el atractivo de las tierras fronterizas, lugares que a lo largo del tiempo han ido atesorando la influencia de vecinos cambiantes, inmigrantes y conquistadores, marineros y comerciantes con sus diferentes culturas, modos de ver la vida, de saludar o de vender, de moverse o edificar. Todas esas huellas quedan marcadas, superpuestas y a veces invisibles, sobre la personalidad del lugar, que termina hablando alguna lengua híbrida o varias al mismo tiempo, cuyas calles siguen trazados diversos según cuándo se diseñaron, y en todas partes se distinguen detalles a veces chocantes cuyo origen pocos identifican ya. Aunque nunca he estado en Trieste, esa pequeña ciudad en el extremo del Adriático, a un paso de Eslovenia, hoy italiana y antes muchas otras cosas, parece ser que es un estupendo ejemplo de ese cosmopolitismo.

Todo esto sería muy interesante si Javier Jiménez (quizá más conocido como Javier Fórcola, director de la editorial homónima) hubiera querido contarnos cosas sobre una ciudad que parece conocer bien. Pero creo que tenía otras intenciones, que descubrimos ya en el mismo prólogo, unas cuantas páginas cuajadas de citas, fechas y nombres de escritores, músicos, nobles o gobernantes que, o bien tuvieron alguna relación con la ciudad, o bien se supone que ilustran su historia. Fácil de decir, pero difícil de entender para quien no lo haya leído, porque en una sola página podemos encontrar diez o quince citas, tal vez veinte nombres, que hacen de la lectura un ejercicio de verdad irritante. Con muy escasas excepciones todo el libro será así.

Algo hace pensar en una gran base de datos, muy bien parametrizada, con cientos o miles de citas y fragmentos, nombres de autores y obras literarias, musicales o cinematográficas que algún algoritmo se encarga de enlazar con destreza. Da igual si esa herramienta informática solo existe en la cabeza del autor, le reconocemos desde luego el mérito, pero el resultado no nos interesa, porque los puntos de conexión con el objeto del libro (recordemos, Trieste) son tan débiles que aquel queda sepultado, o más bien arrinconado, ignorado, de manera que perfectamente podríamos estar leyendo algo acerca de cualquier ciudad del mundo. 

Es una especie de libro-Frankenstein, construido con postizos de mil sitios, con lo que otros dijeron antes. Como si construyésemos una reseña juntando frases de otros reseñistas, de comentaristas de redes o periódicos. Con una lupa hay que buscar una opinión personal sobre la ciudad, sus calles, su luz, sus gentes, hoteles o comercios, que era lo que habíamos venido a buscar, de manera que no le encontramos el alma, ni a la ciudad ni al texto. La aportación subjetiva del autor queda en muy poca cosa, como no sea exhibir sus conocimientos de música clásica o impresionar con referencias a las joyas que lucen en su fonoteca y biblioteca, con innumerables versiones de la Divina Comedia, o grabaciones de Verdi o Mahler, todas las cuales conoce a la perfección.

Ay, las expectativas. Quizá deberíamos ser un poco más benevolentes si vemos el libro no como lo que esperábamos, un texto con experiencias, imágenes o impresiones del viajero experimentado, sino como lo que realmente es, un ejercicio personal de erudición que toma como punto de partida una ciudad cualquiera. Que no le quitaremos mérito en esa dirección, pero a lo mejor lo que le interesa al autor está bastante alejado de lo que deseaba el lector, que era ni más ni menos que Trieste, ese lugar sobre el que seguramente había tanto que contar, pero sobre el que terminamos sin saber casi nada.


domingo, 25 de enero de 2026

Joyce Carol Oates: Fox

Idioma original: Inglés
Título original: Fox
Año de publicación: 2025
Traducción (al catalán): Núria Busquet Molist
Valoración: Recomendable (con matices)

Soy un gran admirador de la obra de Joyce Carol Oates. No ha habido un solo libro suyo que no me haya parecido, cuanto menos, solvente. Fox, novela de la autora con la friolera de setecientas páginas, también es solvente (incluso es, en momentos puntuales, brillante). Sin embargo, aunque he apreciado sus cualidades literarias y admito que es sumamente entretenida, me ha parecido excesivamente larga y, en ocasiones, algo reiterativa.

Pero vayamos por partes: Fox es una novela de suspense con un gran énfasis en la narrativa coral y la psicología de los personajes. Trata sobre un atractivo, encantador y carismático profesor de lengua que, recién llegado a la prestigiosa Academia Langhorne, logra cautivar a la mayoría de alumnos, padres y docentes. Lo que las personas de la comunidad de Wieland ignoran es que, además de ser un experto manipulador capaz de condicionar una opinión favorable en los demás, siente atracción por las prepubescentes y no titubea a la hora de abusar de su poder para satisfacer sus fantasías.

Desde el inicio de la novela sabemos que el coche de Fox está medio hundido en un torrente y que el cadáver de un varón todavía sin identificar ha sido esparcido por el bosque por los animales salvajes. A medida que el argumento avanza, ya sea saltando de un personaje a otro, ya sea plantándose en el pasado o regresando al presente, debemos descubir si ese cuerpo pertenece realmente al profesor y si su muerte se debe a un accidente, un suicidio o un homicidio. La tensión y el suspense se espesan, los habitantes de Wieland se van relacionando los unos con los otros, la ausencia del desaparecido profesor afecta a sus allegados y los papeles de víctima y victimario se desdibujan.

Oates dota de una gran personalidad a todo el elenco de Fox, aunque es el protagonista indiscutible de la novela quien se roba el protagonismo. Y es que la caracterización del profesor pedófilo es magnética: nos asomamos tras su fachada afable, educada y pulcra y vemos sus contradicciones y defectos (que con tanta habilidad oculta a los demás), así como su retorcido imaginario erótico.

Resulta pertinente analizar dicho imaginario erótico. Y es que si bien Oates lo nutre de referentes algo previsibles (el matrimonio de Poe con su prima de trece años, las novelas Lolita y La casa de las bellas durmientes, la mención al personaje de Alicia en el país de las maravillas, las pinturas de Balthus...), consigue relacionarlo estrechamente con el pensamiento y modus operandi (enamorar a sus víctimas y, una vez en su despacho, drogarlas y abusar de ellas) de Fox. 

Y es que al profesor pedófilo, por ejemplo, le asquea la vulgaridad pornográfica e inverosímil de Lolita (¡aparentemente, las relaciones sexuales entre un hombre de cuarenta años y una niña de once son anatómicamente imposibles!). En cambio, le obesiona la (según él hermosa) relación de Poe con su prima y le fascina el erotismo de las pinturas de Balthus o de La casa de las bellas durmientes.

De «Las chicas soñadoras de los cuadros de Balthus» le gusta que sean «pálidas, con los párpados adormilados, incapaces de alejar a un amante ardiente y depredador». (pg. 531) Y a Kawabata le reconoce que «sabía lo que Nabókov era demasiado estúpido para entender: las quieres en coma, mudas, con los ojos cerrados y la boca en silencio, los cerebros como colmenas calientes apagadas. Bestias salvajes que hay que domesticar». (pg. 376) 

En resumen: Fox es una buena novela, como no podía ser de otro modo viniendo de una autora con la solvencia de Oates. Quizá su desenlace no sea el más sorprendente posible, y puede que sea demasiado larga y en ocasiones peque de reiterativa. No obstante, mantiene en gran medida el interés del lector. Sin duda, conviene leerla con tal de permearse de la belleza puntual de la prosa, experimentar todas las perspectivas involucradas, resolver el misterio planteado y, sobre todo, alcanzar el cameo metaliterario final de la propia escritora.


También de Joyce Carol Oates en ULAD: Aquí

sábado, 24 de enero de 2026

H. Leyvik: En las kátorgas del zar

Idioma original: Yiddish 
Título original: Af tsarisher katorge
Año de publicación: 1958
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasís
Valoración: Muy (pero que muy) recomendable

Ya sea desde la ficción, la autoficción o lo autobiográfico, la literatura "soviética" (de autores nacidos, ya sea antes, durante o después de, en territorios que integraron la URSS) nos ha dejado algunos de los mejores ejemplos de literatura concentracionaria. Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza las Memorias de la casa muerta del amigo Dosto, los Relatos de Kolima de Shalamov, Un día en la vida de Iván Denisovich y Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn o, aunque sea de forma más tangencial, el terrible Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam.

En esa triste tradición se inserta este En las kátorgas del zar de H. Leyvik (seudónimo de Leyvik Halpern), en el que el autor narra su estancia en prisiones zaristas (1906-1912) y su destierro en Siberia (1912-1913) cuando apenas contaba con 20 años de edad. Eso sí, hay que tener en cuenta que se trata de un texto escrito en 1958, distancia temporal que resulta fundamental a la hora de analizar la estructura y el contenido del mismo.

Así, hemos de dejar claro que no estamos ante un diario o una pormenorizada relación de sucesos ocurridos en el período citado. De hecho, En las kátorgas del zar posee una estructura cercana a lo novelesco, a una novela con la que, tal y como dice en medio del delirio en prisión, mantendré despiertos mis pensamientos y mi memoria, llevaré la cuenta de mi vida y mis actos. 

La primera parte, titulada también En las kátorgas del zar, parte de la oscuridad y el frío de una mazmorra para, a través de varias analepsis, presentarnos el pasado del narrador (su condición de judío, su implicación política, la relación con sus padres, los días del juicio) y continuar, posteriormente, con su estancia en la Butyrka moscovita, con la presentación de los seres que le acompañan en la celda. Aquí entronca directamente con la gran novelística rusa del XIX, con Tolstoi y Dostoyevski, ofreciendo, a través de diálogos y personajes inolvidables, un maravilloso texto sobre la relación entre hombre y poder, la culpa, la violencia, el arrepentimiento, los dilemas morales, etc en un contexto en el que la enfermedad, el delirio o la angustia campan a sus anchas, pese a pequeños atisbos de humanidad y esperanza.

La segunda parte, titulada Por los caminos de Siberia, nos traslada a la semimítica ciudad de Irkustk (el lago Baikal, Miguel Strogoff...), punto de partida para el "reparto" de los presos por la orillas de río Lena. Y esto podría ser casi una novela de "viajes" por esos cuatro meses atravesando las estepas en el abrasador calor del mes de julio si no fuera por esa mirada profundamente humana de Leyvik hacia su propio interior y hacia sus compañeros de travesía, ya sean presos, oficiales, soldados o habitantes de la estepa. El dolor de pies, el hambre, el aislamiento, el camino entre la angustia y un deprimido mutismo aparecen, así, unidos a los lujos y miserias de la condición humana.

Ya digo que por estructura, estilo, construcción de personajes e, incluso, por ritmo, En las kátorgas del zar semeja más (aunque no lo sea realmente) una novela autobiográfica que una crónica o unas memorias. Sea como fuere, se trata de un texto profundamente ruso y profundamente judío que debería figurar, por méritos propios, en cualquier lista de "lo mejor de 2025" que se precie. Yo no lo he visto en ninguna, salvo en la nuestra. ¡Ahí lo dejo!

viernes, 23 de enero de 2026

Wu Ming: Ovni 78

Idioma original: italiano

Título original: Ufo 78

Año de publicación: 2022

Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona

Valoración: muy recomendable 

Italia, años 70; es decir, años de terrorismo (rojo y negro), drogas, comunas más o menos jipis, rock espacial/psicodélico, noticias sensacionalistas, supuestos avistamientos de ovnis... Elementos todos que pertenecen al zeitgeist de la época pero que resultan difíciles de encuadrar en la misma narración, quizás... Pues bien, los Wu Ming lo han conseguido -quiénes, si no-  en esta su última novela hasta la fecha (de hace ya tres años, pero publicada en 2025 en España.  

La acción se desarrolla en Roma, en Turín y en la comarca toscana de la Lunigiana, en el año 1978 (¡sorpresa!), en el que hubo más avistamientos de ovnis que nunca en Italia, aunque sea más recordado por otro suceso: el secuestro y posterior asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, algo que encontramos como transfondo de la acción de la novela. De hecho, está arranca, tras un prefacio en el que se nos cuenta otra desaparición misteriosa, unos años antes, cuando cuando se va a celebrar en Roma un congreso de ufología, justo el día en que secuestran al político democristiano. Allí acuden los aguerridos turineses del Grupo de Investigadores Ufólogos y Clipólogos Asociados de Turín -GIUCAT-, acompañados de una de las protagonistas del esta historia, la antropóloga Milena Cravero, que está estudiando a los aficionados a esta actividad. También otro de los protagonistas, el escritor de libros sobre los ovnis Martín Zanka, cuyo hijo Vincenzo, ex-heroinómano, vive en una comuna llamada Tanur, en un pueblo de la Lunigiana donde se encuentra también el misterioso monte Quarzerone, un lugar lleno de leyendas y avistamientos extraños y donde, unos años antes, se han producido unas desapariciones que obsesionan al subinspector Gheppio, de la Guardia Forestal, el último de los personaje principales. Lo que no quiere decir que el resto no tenga importancia, porque en esta historia todos tienen su momento y se les da la misma importancia, desde el ufófilo y germanófilo Jimmy Fruzzeti o su abuela, la "bruja" Jole, al ex-fascista Pardo o el veterano de guerra Capoferri... ¡Si hasta aparece, si bien sólo de pasada, el gran Franco Battiato! Y ya me diréis si un libro que recuerde y reivindique a Franco puede ser malo... (bueno, vale, me abstendré de hacer el chiste).

Por otra parte, es esta una novela que va mutando: lo que comienza como un relato sobre alienígenas, posibles abducciones e investigaciones al respecto, adquiere un tono de crónica política y sociológica para acabar como una suerte de noir rural (o de giallo, en este caso), pero sin perder tampoco los elementos anteriores. Es también la instantánea de un momento de cambio, un punto de inflexión en ese año en el que la izquierda italiana comenzó (o comenzó a ser palmario) su declive, representado en el desencanto del comunista Zanka (no olvidemos que el tema común de las novelas de este colectivo es, justamente, cómo se fueron torciendo los impulsos revolucionarios en los diferentes momentos históricos en los que habían o parecía que iban a triunfar).

Estamos también ante una metáfora (o quizá ni siquiera lo sea, de tan obvia) de cómo en la Italia de la Guerra Fría y, particularmente, de los "años de plomo", se distraía la atención de la población con unos hechos, mientras lo que estaba sucediendo era otra cosa. No sólo con los ovnis y la "fantaciencia" (como se dice en Italia), sino incluso con la actividad armada de ciertos grupos... En todo caso, es posible también, como se menciona en el libro, que esa gran ola de avistamientos de ovnis que tuvo lugar ese año tuviera mucho que ver con el cansancio de la ciudadanía ante una realidad social y política que les había dejado exhausta a la sociedad italiana, necesitada de una ilusión escapista o, más aún, de que vinieran unos seres extraordinarios que se los llevaran de allí a otro mundo donde no hubiera heroína, bombas, corrupción y latrocinio por doquier. Otra cosa es cuánto hubiera aguantado un italiano en un planeta donde, por ejemplo, hiciesen la carbonara con nata en vez de con huevo o le pusieran salsa boloñesa a los espaguetis... Ya os digo yo que se vuelve corriendo y rezongando contra esos barbari.

Más novelas de Wu Ming reseñadas en Un Libro Al Día: Manituana, El Ejército de los Sonámbulos, Proletkult. Y de Luther Blisset: Q

jueves, 22 de enero de 2026

Julia Bell; Atención radical


Idioma original: inglés
Título original: Radical attention
Año de publicación: 2020
Traducción: Albert Fuentes
Valoración: bastante recomendable

A la estela de cierto comentario reciente, y sin llegar a recordar nítidamente (el hándicap que tiene uno, que no alcanza los 140 libros al año de lecturas, y se resigna a unos 40 o 50, eso sí, gratis) dónde surgió la referencia a este ensayo, Atención radical, publicado en 2020, otra fecha - quizás algún marciano aún se pregunte por qué - que pasa a ser un hito de esta humanidad globalizada y uniformada y adormecida y adocenada, aunque hipotéticamente democratizada.
Oh sí: justo criticaba en ese cierto comentario reciente (le llamamos CCR a partir de aquí, vale) lo sencillo que se nos está haciendo acudir a los ensayos que corroboran y fortalecen nuestras ideas y actitudes hacia el mundo, los cerramos de vez en cuando e incluso podemos acunarlos en el regazo proclamando para nuestros adentros dice exactamente lo que yo pienso y, siento que muchos me lapidarán por eso, somos capaces de cometer el crímen sacrílego, como ha hecho el despojo humano que tomó la copia del libro en algún momento antes de hacerlo yo, de subrayar, como para dejar estúpida constancia de su paso por ahí (equiparemos subrayar un libro que no es tuyo a algún crimen como destrozar una habitación de hotel, ya) y de su agudeza visual y de las frases o párrafos que le impactaron. Por favor, parad. Los libros que no son vuestros, los libros que esperáis que alguien diferente a vosotros lea, no los subrayéis, no pongáis anotaciones que muestren al mundo vuestra lucidez. Prestadlos, recomendadlos, apuntad discretamente que tal o cuál parte es brillante o remarcable, pero, por favor, respetad a cualquier futuro lector en su libre elección de qué gusta o entusiasma de cada libro. 
P.D. Y si lo hacéis porque habéis tomado el libro para algún tipo de trabajo académico o como referencia; subrayad suavemente, y, cuando ya no necesitéis el libro, usad una goma de borrar con paciencia, mimo y cariño.
Oh sí: la vena hater se ha apoderado de mí. De eso hablaba en ese CCR, de esa construcción del mundo de los dos bandos, de esa obsesión binaria por definir un bloque y alinearse en él, qué digo alinearse, atrincherarse. Julia Bell ya nos planta un spoiler en ese título: ATENCIÓN RADICAL, que hasta en la portada está remarcado en mayúscula, fondo amarillo en medio de esas líneas de código que a algunos resultan ya familiares. Y a partir de ahí, apenas ochenta páginas - lo justo para llamar a esto libro y no panfleto a la indignaos - que cuentan, lógicamente, con una detallada bibliografía y con una nota de agradecimiento que aclara que el libro toma una postura crítica hacia las premisas que lo han hecho posible.
Oh sí: amamos las contradicciones y la coherencia está sobrevalorada. Otro punto más no tratado en el CCR. 
El texto de Julia Bell es una sucesión de anécdotas, hechos aislados que remarca y observaciones con algún leve tinte filosófico que configuran un conjunto que viene a demostrar eso: que si las Redes Sociales, la apoteosis invasiva, aunque sea con la contraprestación de facilitar ciertos aspectos de nuestra vida, va, aceptemos que muchos, todo lo que entra a través de nuestros ojos a través de los smartphones, valoraremos supongo algún día el modo avasallador en que han penetrado en nuestra existencia, no está acaparándonos, no está siendo ya excesivo y condicionando la psique de varias generaciones. Lo que sucede es que ese texto ejemplifica un poco lo que viene a denunciar: toma referencias a mansalva y, en el fondo, articula un discurso algo atropellado y disperso de todo lo que ese avance - avance, el subrayado es mío - representa en cuanto a lo que podríamos denominar daños colaterales. Que apenas media docena de empresas del mundo monopolizan las aficiones, filias, fobias, gustos, preferencias de compra de miles de millones de usuarios y que lo hacen a través de mecanismos sofisticados (¿maquiavélicos?) que hacen urdir muchas teorías y denunciar, qué novedad, la sensación de debilidad del usuario/cliente/víctima, que a la deriva en un océano de agresivos vendedores/ofertantes/encantadores de serpientes, no tiene otra opción que caer una tras otra en tentaciones, sean estas realistas, sean estas asequibles. Interesante, la premisa, lógica la denuncia de Bell, atractivo, ese desfile de ejemplos. No sé si da para apretar los puños de indignación. No sé si uno ha de sentirse ofendido por que se sugiera que cuesta desmarcarse de la masa borreguil. No sé, tampoco, si allá por 2030 otro corto ensayo de una escritora multifunción denunciará otra situación, otras cosas.

miércoles, 21 de enero de 2026

Siri Hustvedt: Una súplica para Eros

Idioma original: inglés
Título original: A Plea for Eros
Traducción: Aurora Echeverría, para Circe
Año de publicación: 2006
Valoración: está bien


Hacía tiempo que no reseñaba a Siri Hustvedt, de la que me atrevería a afirmar que es mi escritora favorita. Y hacía tiempo también que este libro reposaba en mi estantería esperando el momento a ser leído, pues es un libro que compré hará unos quince años y seguía quedando como pendiente. ¿Motivos? Un par principalmente: el primero es que el libro recopila ensayos escritos entre 1995 y 2006 y los aspectos tratados no acababan de encajar con mis gustos y, el segundo, que el libro contiene algunos de los ensayos ya publicados en «En lontananza» (como «Las lentes de Gatsby», «Una súplica para Eros» y el que da nombre a este libro). Así que, en esta reseña, en la que obviaré los ensayos repetidos, puede considerarse una extensión a ese libro.

A nivel introductorio diré que, como es habitual en recopilatorios de ensayos de la autora, los temas tratados son diversos y, en gran parte, inconexos así que el interés (subjetivo siempre) que me despiertan unos u otros es dispar por lo que, en este caso, y mirándolo como un todo, el resultado de la lectura me deja algo indiferente, pues varios de ellos no consiguen captar demasiado mi atención. En cualquier caso, sí hay algunos destacables y que merecen su lectura como el de «Franklin Pangborn: Una Apología» en la que la autora traza una retrato sobre este actor de la primera mitad del siglo XX que destaca por ser una figura que «domina un instante o una escena plenamente, pero nunca una película entera», un autor que «siempre ha interpretado el mismo papel», el de «gerente de algún establecimiento —tienda, hotel, bloque de pisos— cuyas directrices son socavadas por el caos que lo rodea». Así, «Pangborn interpreta el papel de un tipo que intenta manejar una situación en un clima de caos» y Hustvedt toma su figura para evocar las virtudes de una época en la que, en las películas de Hollywood, «el diálogo todavía desempeñaba un papel importante en la producción cinematográfica(…) Hoy en día es poco frecuente que una película nos ofrezca mucho diálogo en cualquier clase, y cuando lo hace es inevitablemente un lenguaje sin mucha complicación, un lenguaje temeroso de las referencias por si el público no las entiende». 

También es interesante el ensayo sobre el corsé, prenda que se utilizaba para moldear la figura femenina («el corsé toma la diferencia entre hombre y mujer, y la lleva al límite») y que la autora tiene altamente presente al recordar un episodio de su vida en el que, haciendo de extra de una película, tenía que llevarlo, con cierta incomodidad al principio, pero con confort después pues afirma que «llevando el mío día tras día sucumbí a sus encantos. Ir con corsé es como encontrarte con un abrazo permanente, un estrujón alrededor de la cintura que no se acaba nunca. Es una sensación agradable y vagamente erótica, un achuchón que dura». Así, con el pretexto del corsé, la autora abunda en la importancia del vestuario no únicamente para ser temporalmente una persona diferente en el caso de los disfraces sino para reafirmar una personalidad, porque «al final, vestir es un acto de la imaginación, una invención del yo, una ficción». 

En otro ensayo la autora también habrá el género, el que tenemos y el que sentimos, y Hustvedt (que ya ha tocado este tema en algunos otros libros) confiesa que cuando está despierta es una mujer, pero en sus sueños a veces es un hombre llegando a la conclusión que en ella hay un hombre y una mujer y afirma que, de hecho, cuando escribe puede adoptar el cuerpo de un hombre o de una mujer. 

En otros textos también habla de la relación con los padres, sobre vivir con desconocidos (algo que le marcó al ir a vivir a Nueva York) así como sobre el 11-S, suceso del que afirma sabiamente que «ver y no creer no siempre van de la mano. Los sucesos traumáticos a menudo vienen acompañados de una forma de disociación. Todo lo que sucede ante nosotros parece irreal». Con ello, nos habla del antes y el después del atentado y de cómo influyó a sus ciudadanos y constata que «solo es posible comprender los ataques contra el Word Trade Center a través de las personas individuales, porque si perdemos de vista lo particular (…) corremos el riesgo de perder de vista nuestra humanidad común».

En resumidas cuentas, la lectura de este libro me ha aportado, más allá del contenido, conocer cómo ha evolucionado la escritura, el estilo y la manera de abordar los ensayos de Siri Hustvedt a lo largo de su carrera. Y el resultado es que el contraste es evidente, pues a pesar de que en estos ensayos la autora demuestra su calidad y que su manera de pensar y abordar los temas es más que destacado, el enfoque y contenido que de sus textos no me han acabo de interesar salvo algunos casos. De todos modos, celebro a su vez constatar cómo ha crecido Hustvedt como autora, ya en lo tocante a los temas tratados como, especialmente, a la exposición de sus pensamientos.